Una de mis mayores alegrías en
este mundo son mis dos hijos Gabriel y Santiago, uno de ellos aun esta en
preescolar, y cada mañana cuando lo llevo a la escuela se me ilumina el corazón
al ver su pequeño cuerpecito desplazándose hacia el interior de su aula por que
se que estará bien dentro de ella al cuidado de sus maestras y porque sé que
unas horas más tarde lo volveré a ver.
Sin embargo hoy por la mañana se llenaron mis ojos de lágrimas al
descubrir una foto que fue tomada al mediodía del 5 de junio fecha en la que
perdieron la vida 49 pequeños en una de las guarderías del IMSS del estado de
Sonora llamada ABC y que había operado desde 2001 como una bodega industrial
con paredes gruesas y sin suficientes salidas de emergencia. Esa mañana una chispa alcanzo los paquetes
de documentos almacenados en un almacén de la Secretaría de Finanzas que se
encontraba a un costado de la guardería, sin detectores de humo nadie pudo
darse cuenta del eminente peligro por lo que las llamas se extendieron
rápidamente hasta alcanzar el lugar donde dormían decenas de bebes y niños ya
que el poliuretano pegado al techo convirtió eso en un infierno… A los tres años un niño platica, se queja,
coquetea y muestra la promesa de lo que puede llegar a ser, ¡Dios! no puedo
imaginarme el dolor de perder a un hijo a esa edad y la orfandad inversa que
debe provocar enterrarlo, de entre todas las cosas que un hijo puede enseñarnos
siempre se les olvida decirnos cómo se vive sin ellos. Después de todo este tiempo la gente ha
colocado 48 cruces blancas de madera con los nombres de los niños adheridos
para formar una especie de cementerio en la plaza que huele a impunidad porque
no ha habido justicia y en lo alto del lugar se encuentra una manta que vuela
de poste a poste con la leyenda “IMSS: tu eres el único culpable”, pero hay
quienes creen que la manta ha sido colocada por un partido político que ha
tomado como bandera esta tragedia para facilitarse una contienda electoral, sin
embargo, una de las enfermeras del hospital Cima de Hermosillo, una de las
clínicas que recibieron a los niños y
que accedió a contar su historia dice que estos llegaron con la piel derretida
y que no se daban abasto, que a una de las maestras tuvieron que acostarla en
el suelo así como a los pequeños, pero que les habían prohibido contar toda la
historia. Existen muchas versiones
sobre este suceso, pero lo cierto es que los niños no debieron morir, ningún
padre debería sufrir la pérdida de un hijo y menos de esa manera, sin embargo,
es un hecho innegable que los niños mueren. Pero ¿Cómo escribir esta publicación sin
emocionarse y no dejar deslizar una lágrima? ¿Cómo no pensar por un minuto que
pudo tratarse de mi hijo?, aquellos padres jamás podrán verlos otra vez y
decirles que les aman, que sus abrazos son como tocar el cielo con las
manos. Solo abrazaran sus fotos y les
recordaran como lo mejor que han tenido en la vida… su recuerdo jamás se
borrará.

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