Cuando era niño vi en la t.v. una
película llamada “El mago de Oz”, protagonizada por Judy Garland una pequeña
actriz que al madurar arrastró una vida torrencial de drogas y alcohol, es
decir, una miserable vida que lleva a quienes la inician hasta perder poco a
poco todo lo que poseen. En la película
Dorothy es una niña que se ha perdido, también hay un espantapájaros sin
cerebro, el hombre de hojalata sin corazón y el león cobarde. Al transcurrir la película Dorothy y sus
compañeros, tras de vencer los peligros del bosque encantado, llegan a la
presencia del mago, quien les hace notar que ellos mismos han adquirido aquello
de que carecían: Dorothy logrará volver a su casa y vivir feliz con los suyos.
El Espantapájaros consiguió un flamante cerebro. El Hombre de Hojalata recibió
una adecuada lubricación y en su pecho un corazón humano con el que podrá conocer el misterio del amor. Al terminar la cinta yo me pregunte: Bueno,
¿pero El León Cobarde? ¿Adquirió la valentía?... honestamente yo lo vi dudar, ¿será
posible que con su magia los hechiceros pueden volver valiente a un cobardón?,
apenas unos instantes antes el mago le decía ¡Aguántese, no sea llorón! y lo
reprendía, hasta que las lágrimas lo conmovieron y fue así como de
repente: ¡Eureka, ya di con la solución! De aquí en adelante a los ojos de
todos los de la selva pasarás como un valeroso león y de súbito valiente hasta
la temeridad. Recuerdo que aquella
noche frente al cinescopio me emocione una y otra vez con las correrías
hazañosas de Dorothy, una niña que cruzaba la pantalla acompañada de trinos de
aves bailoteando al unísono de El León
Cobarde, El Hombre de Hojalata y El
Espantapájaros que anhelaba un corazón. De vez en cuando mientras trascurría la película
comencé a cabecear y los párpados me pesaban hasta que me di cuenta de que
aquellos personajes ya me habían trasladado a la región de las pesadillas en
donde todo un tropel de magos y hechiceros malignos me perseguían hasta que
de repente, el genio de turbante y torso desnudo desnudó su cimitarra y de un
tajo me quería cercenar la cabeza, mientras mi hermano Orlando me despertó diciendo
– Cálmate, te quedaste dormido en mala posición - El mago de la cimitarra me había hecho sudar
a mares de tanto manotear, y manotear. En
eso mi madre nos dijo: -Vamos es hora de
dormir.- ¿Pues qué, ya terminó la película?, mi madre no contesto y me fui a
dormir preguntándome: ¿En que habrá terminado El mago de Oz? Con el paso de los años han venido otros
magos, los López-Dóriga del noticiero, que van a fijar la verdad oficial y a
mostrar a los aturdidos ahora en una pantalla de plasma un México color de
rosa, muy al gusto del mago mayor…

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