Esta vez me referiré al Hércules
de la Biblia; Sansón, el mismo que siendo humano fue capaz de perder su fuerza
por ese achaque maravilloso que nombran amor, imagino lo hermosa que debió de ser Dalila, lo
sensual y bien dotada para poder lograr embaucar al forzudo hasta poder doblar
como parafina un carácter de acero. Rendido al amor Sansón reveló a Dalila el
secreto de su fortaleza y ella entonces, procedió a dormirlo, raparlo y
entregarlo a los filisteos, enemigos jurados de Sansón y su pueblo judío. Ya
débil lo redujeron, le sacaron los ojos y lo ataron a una rueda de molino, para
que ciego, vejado y apaleado pasara sus días dando vuelta y vuelta al molino, hasta que cierto día mientras el pueblo
celebraba una ceremonia idolátrica, Sansón tantea las columnas, se afianza a las
dos centrales, y encomendándose a su Dios es capaz de derrumbar el lugar. En
este violento final del héroe se inmola por amor a su pueblo aceptando el sacrificio
del kamikaze, “terrorista defensivo”, que así saca la cara por su pueblo. Al día
de hoy aun el espíritu de Sansón sigue vivo en todos nosotros ya que el artículo
39 de la Carta Magna proclama que: “La soberanía nacional reside esencial y
originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye
para beneficio de éste. El pueblo tiene, todo tiempo, el inalienable
derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno “, es decir; como
Sansón, el pueblo es fuerte, robusto, poderoso. Los
mexicanos vivimos en una democracia, y con el voto podemos elegir a nuestros
dirigentes, sin embargo yo me pregunto: ¿Que nuestros dirigentes no son parte
del sistema de poder formado por unos partidos políticos que son parte
integrante de ese mismo Sistema? ¿Entonces qué es lo que elegimos? ¿Acaso no
creó el sistema de poder un mecanismo que nulifica a los candados independientes,
candidatos que surgen del pueblo? ¿Cuál es entonces la garantía de que podamos
darnos un gobierno aliado, un gobierno nuestro, uno que mande obedeciendo…? El Sistema de poder es consciente de que
con cada votación desilusiona una y otra vez a las masas, sabe que es posible
que reaccionen y se alebresten, pero también conoce las ganas de creer de la
gente que esta vez las cosas si serán distintas. Entonces activa los medios de
condicionamiento de masas que son integrantes del Sistema de poder, para que forjen
la idea de una “democracia” sin revelar su significado cabal ni cuánto es lo
que cuesta y enfervorizarnos con una politiquería de corto plazo que a las masas
les infunde nueva esperanza, siempre irracional, y les incuba la ilusión de que
sus candidatos son candidatos de todos nosotros. A falsas caricias y diversiones falsas Dalila
nos mantiene en la ignorancia de lo que enseñan la historia, la lógica y la
realidad objetiva: que el sistema de poder es nuestro enemigo. Desde los “medios”, Dalila nos ha cegado y atado
a la rueda de molino; nos mantiene en la dependencia, la sumisión y la
pasividad como si fuéramos ratoncillos de laboratorio que corren todo el tiempo
sin salir de un mismo sitio en la banda sin fin. Mientras el sistema continua alimentando al
manipulado Sansón a elegir candidato y a dar a la papeleta una fuerza mágica
inexistente: “con ella, al cambio”, “Esta vez sí se pudo”, Con Peña, con Obrador. ¿Y la
Historia, la lógica, la realidad objetiva? Ah, ciego Sansón…

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