LA SELECCION NACIONAL

Ayer por la noche no se hablaba de otra cosa que no fuera sobre como el "Piojo" Herrera logro que sus jugadores de confianza lograran no perder frente a la selección de Estados Unidos en un juego amistoso celebrado en el Estadio de la Universidad de Phoenix.  Después del encuentro la selección mexicana de futbol quedo como un globo  perfectamente inflado por los merolicronistas al servicio de la industria que les paga por manipular aturdidos.     Ahí estaban siempre esa caterva de gritones, estridentes y alboroteros.   Me refiero a los  alquilones de la tele, profesionales del grito y el alarido teatrero, histrión y manipulador de candidas masas reducidas a la infrahumana condición de “Perra Brava”.     Como siempre analizan el carácter estético del juego como se analizaría una obra de arte, pero no nos engañemos, lo que hacen es moldear a unas masas a las que no se les permite el acceso a la cultura, se manipula y se condiciona para la pasividad y la no acción; para hacerlas sentir, mañosamente, ganadores o perdedores sin haber tocado un balón.    Allí están los aturdidos sentados atentamente viendo un deporte en el que no participan pero eso si traen bien puesta la camiseta que alimenta el sentimiento patriótico que depositan en el seleccionado nacional, pero sin saber que en realidad en este país hay una falta real de una auténtica unidad nacional capaz de enfrentar agresiones “nacionalistas” o del imperio del norte, y créame, no todos se dejan manipular por el futbol como simple espectáculo.   Los ricos no son tontos; ellos practican el deporte de su preferencia polo, esgrima tenis, natación, equitación, todo. Ellos juegan, pero a las masas explotadas, en cambio, las hacen ser espectadores de un deporte y las manipulan dándoles la ilusión de que son ellas las que juegan en la cancha “¡Ganamos!”, “¡Casi empatamos!”, “¡Casi metemos el gol!”. “¡Casi!” mientras todo lo que hicieron fue sentarse a consumir montones de cervezas y  botanas, antes y durante el medio tiempo utilizan la fuerza de la publicidad para que esas masas vayan en busca del consumo desaforado, y que por medio del espectáculo esas masas tomen desquite de los agravios que les infiere el sistema de poder.      Hasta cuando el mexicano promedio entenderá que el futbol, como espectáculo de masas sólo aparece cuando una población ha sido ejercitada regimentada y deprimida a tal punto que necesita cuando menos una participación por delegación en las hazañas donde él jamás participa, pero que ha sido manipulado para que le duela la derrota y la ausencia de gol a la vez que se pregunta: “Por qué, Dios mío, por qué dejan que continúe ese entrenador que es un inepto, mientras yo agonizo de dolor, si en mi mano estuviera, él serla desollado vivo y después… ¡colgado! ¡Para que vea lo que duele la caida de nuestros muchachos..!”


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