SISIFO

Hoy alguien me dijo que no debía generalizar, que no todos los mexicanos somos borrachos, parranderos y jugadores, y creo que tiene razón, estos individuos realmente no son muchos, nada más algo así como el 99 por ciento de los mexicanos, el otro 1 por ciento tiene todo mi respeto.   En mi publicación anterior me he referido a aquellos que no viven, solo sobreviven y vegetan, ya que lo de ellos es comer, descomer, beber un poco de licor los fines de semana y mantenerse con un trabajo como el de Sísifo que según la mitología griega hizo enfadar a los dioses por su extraordinaria astucia y como castigo, fue condenado a perder la vista y a empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, desde donde debía recogerlo y empujarlo nuevamente hasta la cumbre y así indefinidamente.  Quiero que quede claro que este y mi anterior escrito está dedicado solo a los que todos los días levantan el piedrón, y el piedrón cae todos los días.  Ya que levantaron la piedra y la piedra cayó, se van a media tarde a su casa, encienden la televisión, se enajenan viendo telenovelas en los que aparece el triunfador según la tabla de valores de Televisa y Azteca, es decir, una chica que es pobre, pero que resulta que no es pobre porque la abandonaron de niña y sus verdaderos padres son muy ricos…  más o menos así es el cartabón que ha triunfado, eso y con los amigos sólo hablan de futbol y de política con cabeza ajena, porque repiten lo que oyen en la televisión y en la radio sin darse cuenta de que ellos no son sino voceros oficiosos del sistema de poder, que es el verdadero enemigo de las masas sociales.    Quizá estimado lector usted pensara y con sobrada razón que me he vuelto pretencioso, pero solo he tenido tres pretensiones durante casi toda mi existencia: una alimentación buena, que antes de dormir haya aprendido algo y que mi mente este lúcida.  Hace poco me decía un taxista: "Míreme, tengo 65 años y estoy sano, como y bebo de todo..." así yo quisiera presumir cuando llegue a esa edad y seguir siendo joven, ya que el mediocre es viejo.   Tendrá 35 o 40 años pero ya es viejo si en su proyecto de vida no pone mayor empeño, no tiene mucho que decir.      Yo ya lo decidí  "yo no me voy a morir" porque todos los mediocres se mueren a sí mismos, pero el idealista, el que siente, el que piensa, el que vive no "se" muere.   El que hace la diferencia, el creativo no levanta una piedra para que se caiga, sino la levanta para irla colocando en la cumbre de ese crestón de roca, ahí está la inutilidad, la roca caerá por falta de creatividad.   Mientras esté vivo y tenga sensibilidad construiré con cada texto, con cada palabra, mi trascendencia. Y la trascendencia es el no morir del todo.


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