Conócete a ti mismo, aconsejaba el oráculo de Delfos, y Sócrates tomó la frase como suya. ¿Y usted amable lector?, ¿se conoce a sí mismo?
Porque existen algunos que se pasan la vida renegando y derramando bilis negra
contra otros, sin darse cuenta de que carecen de autocrítica y están excedidos de
autocomplacencia. Tartufo es una comedia
en cinco actos escrita en versos alejandrinos por Molière en 1664, en la cual Orgón
es un personaje bastante importante que ha caído bajo la influencia de Tartufo
a quien Molière describe de manera tan excelsa que este nombre es utilizado ahora en el
Diccionario de la Real Academia Española para definir a la persona hipócrita y
falsa. ¿Y cuántas veces hemos recurrido
a la máscara que oculto ese rostro de simulador, de
Tartufo? Solo basta con mirarnos
en el espejo y reconocernos: según la tradición el mexicano se tiene por muy
sociable, muy fácil de tratar, que cae bien a todo el mundo y se considera a sí
mismo una persona bromista, planeadora, amigable, simpática, traviesa y
amable. En cuanto al área afectiva: al parecer somos
románticos, sentimentales y cariñosos, como también respetuosos, leales,
sinceros y compartidos en factores ético-morales. Pero la historia ha
demostrado que somos flojos, machos, conformistas, alegres, irresponsables,
tradicionalistas, fiesteros, dejados, solidarios, pasivos, impuntuales,
mediocres y borrachos. Los mexicanos somos
individuos incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, no hacemos bien
las cosas, no tomamos decisiones propias,
vivimos de ilusiones, no confiamos en nosotros mismos y no controlamos nuestras
emociones. Solo así se puede explicar
que a pesar de la privilegiada posición geográfica, la variedad de climas, la
compleja topografía de nuestro país que genera una gran variedad de condiciones
permitiendo la existencia una gran cantidad de ecosistemas, es decir se puede
producir lo que sea en cuestión del campo y además con una reserva de 12 352
millones de barriles de petróleo, y por ello, ocupando el lugar 14 en el mundo,
aun seamos un país subdesarrollado. De
la religiosidad ni hablar, ya que la Iglesia Católica se ha olvidado de
orientar a los feligreses sobre el verdadero sentido del cristianismo y en vez
de impartir adecuadamente la doctrina sólo ha privilegiado el culto provocando
con ello que México sea una nación de analfabetismo religioso. De nada sirve
que haya muchas misas, rosarios, sermones, imágenes de santos y procesiones, si
el pueblo no conoce el significado de la cristiandad, ni las bases de lo que
cree. El mexicano no ha leído nunca la Biblia y asiste
a la iglesia pero no corrigen sus malas costumbres, y al terminar las
conmemoraciones religiosas su vida sigue igual o peor. ¿Cómo se puede alimentar el espíritu de esta
forma? Si tenemos marchita la esperanza,
nada esperamos de la vida, la familia, los partidos, la autoridad y hasta de
Dios. Por ello preferimos encender el
televisor y vivir otras vidas, las de los personajes de las telenovelas, las de
los programas de concursos en donde el premio nunca será para nosotros, la
falsa victoria de nuestro equipo favorito mientras nosotros presenciamos
sentados en el sofá sin ejercitar ni un dedo, leyendo medio libro al año… Esto es México.

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