Hoy quiero referirme a los mendicantes, esos desdichados que testimonian la acusación viva y lacerante de la injusticia que vive el país. A través de atrios, explanadas de teatros, templos, estadios y plazas de toros, arrimados a los muros o anidados en las rinconeras, nunca falta la mano que con la palma abierta solicita un poco de ayuda recordando me que habito en un mundo, en un país, y en una ciudad donde la injusticia genera tales hongos humanos. De cerca conozco ese gremio de huérfanos, ciegos, lisiados y demás herederos de la fortuna que desde el abandono y el desvalimiento cargan encima de sus espaldas para sí el querer o no, sobrevivir en el áspero oficio del diario vivir una vida arrastrada, y sobrevivirla con la mano extendida, húmedos los ojos y los labios susurrantes: “ Una limosnita por amor de Dios…” Se crían al amor del atrio del templo, de la esquina de la barriada, de la plaza pública, arrodillados, en cuclillas, engarruñados, y errabundos, con una mano tentaleando las paredes y la otra extendida… “que país tan patético” La profesión de pordiosero empezó desde la España medieval y renacentista una de cuyas cumbres se regodea con las aventuras de El lazarillo de Tormes que por calles, tabernas y plazas públicas guía, mano en mano, al ciego aquel, buscavidas truhán. Latente y viva se mantiene esa tradición hasta nuestros días, ¿usted ha viajado alguna vez en el Metro? ¿Verdad que sí, y verdad que no es exageración afirmar que el Metro va y viene día a día hervoroso de mendicantes? De mutilados, deformes y contrahechos que de vagón a vagón se la viven pidiendo, sin sentido de orientación y equilibro, solo con el auxilio del pasamanos vienen y van, esta mano en la armónica y la otra sosteniendo el cacharro de hojalata, para rematar su tonada con el sonsonete: “Señores pasajeros y señores usuarios… Escalón por escalón, todas están plagadas de esa nata de humana necesidad que con la extrema virtud de lo heroico a pie firme o engarruñados en el escalón resisten lo mismo fríos que agresiones de un sol en brama, y lluvias tempraneras. Enrique Peña Nieto es la desilusión hoy para muchos que le dieron el voto ayer, el bienestar que prometió, se reduce y el número de pobres sigue en aumento…

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