Hace algunos años conocí a un
entrañable amigo, José Gallegos en Caracuaro, Michoacán. Solía decirme que fue el diablo quien escrituró
a nuestro país los beneficios del petróleo y creo que tenía razón, ya que según
todos los indicios Petróleos de México no solo es abastecedora de crudo y de
billones de pesos para la administración pública, sino también de intereses
políticos y económicos, una salvaje corrupción y saqueos demenciales aquí y en
el exterior. Además de que muy pronto lo entregaremos a nuestro vecino
imperial. Así es amable lector, el PRI regresa a Los
Pinos, y no con su rancio “nacionalismo revolucionario”, sino con una
compulsión entreguista que de inmediato lo ha hecho la víctima de lo que los
anteriores no lograron ofertar a los grandes capitales: PEMEX y la Comisión
Federal de Electricidad. Los
presidentes Enrique Peña Nieto, Barack Obama y el primer ministro de Canadá,
Stephen Harper, se reunieron este 19 de febrero en Toluca y no me sorprende que
la agenda básicamente se enfocó en los intereses de Estados Unidos; es decir,
los energéticos: petróleo y electricidad. No es de extrañar que Enrique Peña
Nieto se encuentre muy contento pues entregará buenas cuentas a los intereses
de esos países, ya que logró la reforma energética y a cambio de tan inmenso
favor, no está planteando ninguna propuesta para superar la cuestión migratoria
y las enormes deportaciones que está llevando a cabo Barack Obama, de tal
magnitud que el periódico El Economista ha llamado “la gran expulsión”,
situación que viola de manera flagrante los derechos humanos de los trabajadores
que llevan años en Estados Unidos y destruye a las familias, y lo peor de todo
es que aquí no hay el más mínimo reclamo hacia los Estados Unidos. Me resulta interesante saber que la cantidad
de trabajadores mexicanos indocumentados se ha incrementado en forma
extraordinaria desde hace 20 años, más o menos, fecha que exactamente concuerda
con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Recuerdo las posiciones de sus defensores y
hoy el país está alejadísimo de las maravillosas proyecciones de esos
funcionarios, con inversiones extranjeras directas se profundizó la tendencia
maquiladora del país, de tal suerte que las verdaderas ganancias las reciben las
compañías trasnacionales al beneficiarse del trabajo de una mano de obra barata
que les permite ser altamente competitivas en el mercado internacional. El campo mexicano está devastado, porque estar
invadido de importaciones agroalimentarias, principalmente de Estados Unidos
que se benefician de la mano de obra mexicana por ello sus productos son
altamente competitivos. El TLCAN ha
dejado un déficit agrícola de 2 mil millones de dólares un decremento de la
actividad ganadera, el Centro de Investigación Económica y de Política, con
sede en Washington, considera que el tratado fue un terrible error para México,
pues el crecimiento económico y social que se suponía iba a impulsar de ninguna
manera se hizo realidad, pues los salarios se estancaron en estos 20 años y el
crecimiento del producto interno bruto per cápita fue la mitad del promedio de
América Latina, lo que no ha permitido superar la pobreza, que se mantiene en
52.3 por ciento de la población, y los salarios apenas subieron 2.3 por ciento
entre 1994 y 2012. Dos millones de campesinos perdieron su empleo, la mayoría
de los cuales formaron los enormes flujos de indocumentados hacia EUA. Diconsa se comprometió a comprar mil 500
toneladas de frijol, y a la fecha sólo ha comprado 60, esto es lamentable ya
que es un indicador de que no hay el más mínimo atisbo de solución para
recuperar la autosuficiencia alimentaria por parte del gobierno de nuestro país. Lo que ha sucedido con los productores
mexicanos como producto del TLCAN y del neoliberalismo, ha sido la generación
de otros medios de formas productivas facilitando la implantación de los
cárteles de la droga y el crimen organizado.
A final de cuentas, nada bueno ha llegado con la nueva visita del
presidente norteamericano. Esto es México estimado lector…
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