Los animales humanos en cuestiones de conducta nos dividimos en dos grupos: el mínimo de los idealistas y ese otro, aplastante, que integra la mayoría de los mediocres. ¿A cuál de ellos pertenece estimado lector? Los mediocres son ciegos y no obedecen el primer mandamiento de la ley humana que es aprender a pensar, y el segundo, poner en práctica lo bien pensado. El duopolio de la televisión mexicana es el principal productor , de los perjuicios que causan en algunos pobres de espíritu esos denominados “líderes de opinión”, muchos de ellos voceros oficiosos del Sistema de poder. Los televidentes son pobres de espíritu que, hipnotizados por el cinescopio o la pantalla de plasma, viven, piensan y actúan de acuerdo a la manipulación de la que son objetos, el mediocre entrega media existencia al televisor, recibiendo de frente y sin protección alguna el material altamente radiactivo entregan las compañías televisoras, desde la nota roja, hasta las telenovelas, el clásico pasecito a la red. El idealista crea; el mediocre repite; uno cambia cada día; para el otro, cada día es de rutina. Uno, al avanzar, abre caminos; el otro sólo sabe caminar por sendas trilladas. Esos que adquieren la fuerza moral consiguen también valimiento, decoro, dignidad, moralidad, piensan como deben pensar, dicen lo que deben decir y cómo deben decirlo, proceden como su conciencia limpia les marca, son humanistas y el optimismo es su símbolo. Los idealistas no aceptan la domesticidad ni la mansedumbre, ni la aceptación acrítica, no transigen por sobornos ni premios, no tienen vocación de esclavos, como los mediocres que cada seis años esperan que el nuevo amo les dé un metro más de cadena. Los idealistas no se venden, no se compran, no se alquilan, no claudican, poseen el temple para mantener sus principios y valores y convicciones, están lejos de la esclavitud de la costumbre y la rutina, del incapaz de crear, del fanatismo, del dogmatismo, el prejuicio, de los pobres de espíritu que, envejecidos han renunciado a vivir. Los mediocres quieren que otro haga por ellos lo que ellos no harían por si mismos ni por nadie. Los idealistas no delegan, no esperan nada del azar, no esperan todo del destino, deciden lo correcto de acuerdo a su conciencia, traman su propio destino, es optimista, animoso, tiene esperanza en él y en aquellos a los que va transformando. Porque los convence, les contagia su entusiasmo, los conmueve, los fuerza a remontar el vuelo, como él. Qué diferencia con los débiles por pereza, miedo, ignorancia, que son tristes, resignados, apáticos y fracasados. Si emprenden alguna empresa, están destinados al fracaso ya que todo lo aceptan como una fatalidad. Son necios, son escoria, redrojos humanos, no importa su edad ya que un joven que se ha dejado marchitar es un viejo patético. Hay pueblos que sólo disponen de jóvenes envejecidos, de viejos decrépitos y de rapaces de la codicia y el lucro. Sin embargo los idealistas son jóvenes que purifican lo viciado y caduco, cuya potencia está en las fuerzas morales; las alas del vuelo de los espíritus superiores transforman un mundo envejecido, anquilosado. El brazo de ese joven vale por cien brazos cuando lo maneja un cerebro ilustrado. Su cerebro vale cien porque lo sostiene un brazo firme. Es el adelantado; el artista, el héroe, el apóstol, la paz, la belleza, la verdad… ¿Y usted, donde esta ubicado?

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