LECTURA ES PODER


La lectura estimado lector se ha convertido en un hábito tan menospreciado en nuestro país como tan popular es el futbol, el habito del cigarro o la bebida.  Sin embargo antes de continuar debo hacer una aclaración: estoy consciente de que incitar a las masas a  leer  corre la misma suerte que  censurar el licor y exhortar a los adictos a que abandonen el cigarrillo, porque romper inercias es empresa difícil para el individuo que carece de fuerza de voluntad; porque para abandonar la televisión y acercarse al libro se requieren temple, carácter y determinación como el que se necesita para liberarse de tabaco, licor y televisión.     No está de más recordar que el mexicano promedio lee libro y medio al año y esto inequívocamente alude al desarrollo y la  superación personal ya que quien logra aficionarse a la lectura alcanza a leer cuando menos  cuatro libros al año.     Porque a diferencia de comunidades de países llamados del primer mundo  el mexicano es renuente a la lectura como anuente a la pantalla de plasma, y esa es la manera más directa, más contundente, más aplastante, de mantenernos en la mediocridad y en el subdesarrollo mental, que es el más nefasto de los subdesarrollos.    Mientras sigamos apartados del libro seguiremos  inmersos en la pobreza de la que no alcanzamos a darnos cuenta porque tal es el modo de vida general y eso es patético.    Porque tanto a escala personal como de naciones quien lee manda porque la lectura lo convierte en Heracles, y quien  no lee no pasa de ser un enclenque Ificles mental,  y tiene que resignarse a obedecer.    Me conto mi maestro aquel pasaje donde cierto individuo, encerrado varios meses en un recinto de puerta remachada, comió y descomió dentro de aquel ambiente viciado sin percatarse del tufo corrompido que inficionó la habitación hasta que alguien abre la puerta, penetra el oxígeno limpio y es entonces cuando la pestilencia lastima a los dos, la lectura nos abre esa puerta.      Así como escogimos todo un día para alabar a la madre, a la mujer o a los humanos de preferencia sexual distinta a quienes habremos de menospreciar el resto del año, así ocurre, por desdicha, con un artículo nobilísimo como es el libro. Muchos visitantes en el Palacio de Minería y otras sedes de ferias internacionales, para que una vez disipada la polvareda de la  feria y los libros volvamos al amor de nuestros amores: la pantalla de plasma a la que ofrendamos vida, mente, criterio, voluntad y todo.    Pero ni hablar, esto es  México, el de los muy pocos libros y los  muchos Salinas, Azcárragas, telenovelas y selección mexicana de futbol...
 

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