LOS CABALLEROS TEMPLARIOS


Cuenta la leyenda que un hombre llamado Robin de Locksley vivía fuera de la ley escondido en el Bosque de Sherwood. Defensor de los pobres y oprimidos, luchaba contra el sheriff de Nottingham y el príncipe Juan quien utilizaban la fuerza pública para acaparar ilegítimamente las riquezas de toda la comarca y todo individuo que se oponía a los edictos reales era considerado un forajido. De la misma forma Los Caballeros Templarios es un grupo surgido en el estado de Michoacán que anuncio públicamente su aparición en marzo de 2011 y que han distribuido ampliamente un código en el que pretenden dar a conocer sus principios de acción, sus reglas de conducta y formas organizativas en las que el grupo se equipara con los antiguos guerreros de las cruzadas, distribuido casa por casa y articulado en 53 puntos en los que se asumen como una "orden" que tiene el propósito de "proteger a los habitantes del Estado libre, soberano y laico de Michoacán" y advierten que todo aquel que entra al grupo no podrá abandonar "la causa", puesto que, deben hacer un "juramento que habrá que respetar a costa de la propia vida". En este código puntualizan que su labor es luchar contra el materialismo, la injusticia y la tiranía en el mundo, así como contra el desmoronamiento de los "valores morales y los elementos destructivos que prevalecen hoy en la sociedad" y se proponen fomentar el patriotismo, "expresado en el orgullo hacia la propia tierra". Los Caballeros Templarios dicen reconocer el derecho de los pueblos y las naciones a gobernarse a sí mismos "dentro de su medio económico natural" y se pronuncian por el "apoyo a la libertad de expresión, de conciencia y de religión", incluida la diversidad de creencias. La organización de Los Caballeros Templarios descansa en el Consejo, "órgano máximo conformado por los miembros de mayor experiencia", según queda asentado en su Código. La lealtad a "la orden" es su premisa máxima "quien traicione al grupo será castigado con la pena capital y se le decomisarán sus propiedades de ahí que la publicación distribuida cierre con la contundente frase: "Si, por desgracia yo traicionara mi juramento, ruego ser ejecutado por el templo y por sus armas. Las primeras ejecuciones atribuidas a Los Caballeros Templarios se presentaron con dos hombres colgados por el cuello de unos puentes. Dejándoles con dos carteles pegados que indicaban "Lo matamos por ladrón y secuestrador. Atentamente, los caballeros templarios."


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