José Gallegos tiene la mirada de dolor de los campesinos, mueve en circulo los hombros a ver si le truena un hueso que calme el dolor de su espalda. Lleva horas sentado a la orilla de su cultivo que es igual al de Martin Castillo: 8 hectáreas. Hace años estos dos hombres manejaban maquinaria en sus cultivos, hasta que se firmo el Tratado de Libre Comercio (TLC) y llego la crisis, tuvieron que vender las maquinas y su vieja pick up camina lento por que ya no da para más. En la comunidad del naranjo en Carácuaro, Michoacán solo el cielo es digno de sus habitantes ya que los campos de cultivo están abandonados. Dicen los campesinos que Banrural les da 6 mil pesos por hectárea, pero hacerla producir cuesta 7 mil sin contar la mano de obra, fertilizantes, la trilla y el flete para llevar el producto a las bodegas. Mientras don José voltea hacia el cielo y disfruta el movimiento de su cuerpo que se mece sobre la hamaca sus ojos se humedecen al recordar que ya son 5 años desde que su hijo se fue a los Estados Unidos que es otra de las consecuencias del TLC ya que se estima que en la actualidad 45% de los ejidatarios tiene por lo menos un integrante de la familia que ha emigrado. Mientras que México es uno de los países con mayor diversidad biológica del mundo por su diversidad genética y tipos de vegetación en el cual se podría producir prácticamente todos los productos agrícolas del mundo el panorama del sector en tiempos del TLC es desolador ya que el ingreso de productos importados a precios dumping ha obligado a los productores mexicanos a rematar sus productos ya que no pueden competir con la infraestructura extranjera, por ejemplo, los subsidios en Estados Unidos representan hasta 30 por ciento de los costos de producción, mientras en México a lo mucho llegan a 9 por ciento. Como consecuencia uno de los productos que México dio al mundo: el maíz, ya no forma parte de nuestras exportaciones ya que Estados Unidos se a convertido en el principal productor de maíz a nivel mundial. En unos años podría significar el fin del campo mexicano, el propio Banco Mundial ha advertido que el sector agropecuario nacional no está en condiciones de competir en el mercado que se generará a raíz de la liberación de aranceles, debido a que a lo largo de 20 años ha sido objeto de políticas sin resultados positivos. Puedo pecar de fatalista pero me preocupa mi país, podría decir que ante las evidencias, urge modificar la política agropecuaria de nuestra nación, así como impulsar una revisión a fondo del TLC, para proteger, levantar y fortalecer al campo mexicano. Sin embargo, no soy iluso, el paciente no se quiere tomar la medicina, ni se la va a tomar, esa es una de las causas por las que Enrique Peña Nieto es Presidente del país. Me despido del señor José Gallegos el cielo se ha puesto gris y se avecina la lluvia…

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