Hace algunos años deje de leer
los periódicos, aunque a veces me llega la nostalgia por aquellas veces que me
manchaba los dedos de tinta y que yo sentía que se estimulaba poderosamente el
desarrollo de mi perspicacia. La
lectura del periódico llego a ser tan apasionante como si se tratara de
descifrar una cábala, es decir, intentaba leer lo que no estaba, lo que el
periodista en verdad pensaba pero no había podido escribir. Recuerdo que aquel ejercicio deductivo me
enganchaba más que los crucigramas, hasta que comprendí que cada periódico
exhibe su plumero ideológico con impudicia, ya no se toman el trabajo de
parecer objetivos, por eso ya no tengo el mismo aliciente de leer entre
líneas. Un día mi maestro me hablo
sobre l conocimiento de la teoría política y me gustó la idea. Empecé a entender que es una ineptitud
pensar que las cosas van a cambiar con este u otro candidato y depositar
nuestra esperanza en un voto. Estudiar
teoría política me convierte en un hombre y me aleja de ser un ciudadano que
esta esperando que alguien más haga lo que no estaría dispuesto a hacer por mí
ni por nadie, a buscar a la vedad y al culpable dentro de uno. En este país mientras un hombre tiene un
valor incalculable, un ciudadano tiene un valor determinado; vale exactamente
un voto…

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